jueves, diciembre 18, 2008

Los Cinco Grandes Temas: Patrimonio (III)

• Libertad o traición

En primer lugar, hay que saber si la cultura y los valores de la familia empresaria tienden a considerar la venta de acciones por parte de los familiares como un ejercicio de la libertad personal perfectamente aceptada, o bien si esta se considera una traición a la familia y a la memoria del fundador. Es una cuestión trascendente, especialmente si tenemos en cuenta que pueden haber familiares accionistas que no tienen la voluntad firme de serlo, pero a los que un sistema demasiado rígido en este sentido puede impedirles vender sus acciones. Si esta situación se da, estos accionistas no tendrán ni el entusiasmo ni el compromiso necesarios para la empresa familiar.

En cualquier caso, es importante establecer los mecanismos necesarios para que cualquier familiar pueda vender sus acciones de la empresa si no tiene voluntad de ser accionista. Así, un sistema de transmisión demasiado rígido provoca que el accionariado esté compuesto por socios “cautivos” que no aportan ni el entusiasmo ni el compromiso necesario a la empresa y que, por tanto, puedan suponer un lastre para su desarrollo.

• Pactos y limitaciones

Para establecer un marco jurídico y evitar conflictos con accionistas incómodos con su posición, la familia ha de establecer una serie de pactos y limitaciones para reglamentar y facilitar la venda de acciones. En este sentido, el precio o la valoración de las acciones en el momento de la venta es uno de los aspectos más importantes que hay que regular. En las empresas, al cotizar en mercados bursátiles, el precio no tiene un valor objetivo y es frecuente que el Protocolo Familiar establezca las técnicas que hay que utilizar para valorar las acciones. Un esquema habitual es recurrir a la valoración por parte de una empresa o profesional independiente en base a diversos criterios usuales en el mercado, y establecer que el precio sea un promedio de los resultados.

En cuanto a las limitaciones, son frecuentes los pactos que tienen por objetivo que la propiedad de las acciones quede en el ámbito de la familia, de manera que se establezcan unas órdenes de preferencia a favor de los familiares y de la propia empresa. Así, hay pactos que priorizan la venta a los hermanos o, en el caso de la tercera generación, la venta a los miembros de la propia rama familiar.

• Liquidez mayor y liquidez menor

La liquidez mayor se refiere al fondo de capital que muchas empresas familiares mantienen para hacer frente, sin tener que recurrir a la financiación externa, a adquisiciones de paquetes de acciones en caso de que ningún familiar ejecute su preferencia. La liquidez menor es la que necesita la empresa familiar para su funcionamiento normal.

• Derechos del accionista

Aunque, en general, todo el mundo acepta que la libertad de vender es inherente al hecho de ser propietario de un bien, en el caso de las acciones de la empresa familiar, recibidas en herencia y que forman parte de un legado familiar, no todos los miembros de familias empresarias lo ven tan claro. Hay implicaciones emocionales que hacen que, en ocasiones, se de un tratamiento especial a las acciones heredadas, de manera que hay cargas morales, explícitas o implícitas, que asocian el hecho de vender a ser desagradecido o inmoral. En otras ocasiones, quien vende se aleja sin remedio del resto de la familia, o forma parte de ella pero permanece “en una categoría alta”.


Un ejemplo: Características de la propiedad en las empresas familiares del País Vasco

Los datos del estudio sobre la empresa familiar de Bizkaia realizado por la Cámara de Comercio de Bilbao en 2008 muestran que:

- En el 87,3% casos, el capital social de las empresas es puramente familiar.
- En el 80% de las empresas analizadas, el número de socios familiares se sitúa entre dos y cinco miembros.
- Predominan las empresas cuya propiedad está en manos de una única familia (60%).

Por su parte, de acuerdo con el estudio citado sobre la provincia de Gipuzkoa, la propiedad de las empresas familiares:

- Está formada en un 68% por capital netamente familiar, frente a un 20% de capital mixto. Un 16% de los encuestados no supo responder a esta cuestión.
- En las empresas de capital familiar, la propiedad está en manos de una sola familia en un 48,4% de los casos, de dos familias en un 26,4%, de tres en un 12,5% y en el 10,9% restante, en manos de cuatro o más familias.
- En el 70% de los casos, la propiedad está en manos de 2 a 5 accionistas, un 12% en manos de entre 6 y 10 accionistas, un 8% en un solo accionista y el restante 7% en más de 10 accionistas. Un 3% no contestó a este punto.
- Un 55% de los accionistas son activos, frente a un 45% de accionistas pasivos.

En ambos casos, cuando las familias comparten su capital, lo suelen hacer con entidades financieras, directivos o consejeros no familiares u otros trabajadores no familiares. En muy contadas ocasiones las muestras recogen empresas familiares con participación en la bolsa.


Originalmente publicado en el libro “Manual de la Empresa Familiar”, publicado por el Foro de la Empresa Familiar de las Cámaras Vascas (Eusko Ganberen Familia Enpresaren Erakundea), País Vasco, España, 2008.

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